El anonymous que necesitamos

No son pocas las ocasiones en que oímos en la prensa el nombre de Anonymous, nombre del que los medios de comunicación se han apoderado para identificar a un colectivo vaporoso, que, amparados en el anonimato, incluye a héroes y villanos, y a algunos ideales dignos perseguidos con métodos que en más de una ocasión transgreden injustificablemente las leyes que nos hemos otorgado. Extrayendo lo positivo que de ese movimiento inclasificable he podido extractar, yo he decidido retomar el sustantivo demonizado por la prensa, para darle una interpretación personal…

Yo quisiera utilizar Anonymous y dotarle de mi significado en base a unas connotaciones bien distintas.

Para ello recurriré a un tema manido, pero que con el transcurso del tiempo se hace más dolorosamente patente, y es que, a pesar de todos los descubrimientos, los avances científicos y las nuevas tecnologías, a pesar de todo el progreso de una era llamada a consagrar la razón y la solidaridad, nuestra mentalidad apenas avanza, gira en círculos sin acertar a aplicar las nuevas revoluciones a los problemas de siempre, como un Sísifo condenado a empujar su escurridiza roca montaña arriba hasta la eternidad.

Por ello creo que hoy necesitamos de un nuevo ser humano, un “homo digitalensis”…, yo le llamo Anonymous, término neutro en connotaciones de género y clase. Y así:

Anonymous es alguien consciente de su desigualdad, de su carácter único que lo hace diferente, como a todos los demás. Y consciente de dicha desigualdad solo desea un mundo más solidario.

Anonymous es alguien consciente de que la humanidad es la suma de todos los individuos, en donde en ocasiones uno supone para todos, tanto o más de lo que habitualmente todos suponen para uno. Y siendo parte del todo no se considera imprescindible o insignificante.

Anonymous es alguien consciente de que la alienación y el individualismo es el veneno de los de su tiempo, y está dispuesto a desterrarlos sin temor, a aceptar al otro y abrazar la transparencia. Y aún abierto al mundo es capaz de hacer gala de su singularidad.

Anonymous es alguien consciente de su importancia como motor del cambio, que actúa como agente democratizador aboliendo privilegios sin sentido. Y en su tarea evita el ánimo inquisidor, ensalzando la iniciativa y alentando la justa recompensa del esfuerzo.

Anonymous es alguien consciente de que hay pocas verdades objetivas, de que el lenguaje puede ser impreciso y la información engañosa. Y en ese mar de incertidumbre es capaz de forjarse una opinión estable, sin que dicha opinión sea inconmovible a los envites del sentido común.

Anonymous es alguien que acumula méritos sin pregonarlos, que toma la iniciativa ante la injusticia, que rehúye de la fama que lo envilece, que abraza en su lucha los ideales, sin que estos le lleven a convertirle, o convertir a otros, en moneda de cambio.

Anonymous es alguien que ha decidido no renunciar a su derecho y deber a pensar y participar. Que siendo crítico no cae en la descalificación, que deliberando no se cierra en el capricho de su intelecto, que informando desoye la llamada de la parcialidad, que juzgando sopesa los hechos y decidiendo concilia el interés de todos.

Anonymous es alguien, al fin y al cabo, que ha doblegado las fuerzas de la razón y la emoción, nunca dejándose avasallar por lo emocional como para sufrir un arrebato, ni de lo racional como para convertirse en un esclavo de la de la fría lógica.

Anonymous es así: la balanza, el equilibrio, la mesura; el centro y el extremo, una parte y el todo, el fin y el principio de una nueva conciencia colectiva…

Así, parece que lo único que nos queda por descubrir es ese nuevo individuo para esa nueva sociedad: Anonymous.

Permítanme entonces este insignificante gesto de rebeldía, haciendo caso omiso a los prejuicios contra Anonymous...

 

Fernando Vich