El corazón

El corazón es un tirano, un dictador ciego lanzando estocadas al vacío.

Un demente desahuciado, trastornado por los celos de una ausencia.

Un iluso, ahíto de espejismos y ebrio de visiones.

Un expedicionario exaltado, extraviado en los confines de su “El Dorado”.

El toxicómano de una pasión febril, para la que no se ha creado dosis.

El corazón es un felino enjaulado, un león que ruge en el pecho rasgando sus costillas.

Un ser de las profundidades, incapaz siquiera de intuir la luz.

Un ave desorientada, debatiéndose por volar en medio del temporal.

Una polilla inflamable, cayendo en picado sobre una llama.

El depredador cazado, convertido en presa de su propio apetito.

El corazón es una locomotora, un tren sin frenos a punto de descarrilar.

Un alambique ardiente, burbujeante de vapores que enturbian la mirada.

Un reloj sin cuerda, atrapado en un instante del pasado.

Una gramola disonante, henchida de las mismas notas.

La cuerda que, ceñida al cuello, nos ahoga hasta la extenuación.

 

El corazón es un insurgente, un suicida explotando sin fin en su bucle en el tiempo.

Un gourmet en huelga de hambre, inapetente de razón e insaciable de ilusiones.

Un niño al borde de un agujero en la playa, paleando frenético puñados de mar.

Un constructor de castillos en las nubes, que divagan por el cielo con el soplo de una brisa.

La matrona de sueños, en su interminable turno de guardia.

El corazón es una tierra baldía, un yermo exuberante de flora imposible.

Un mar implacable, batiendo impenitente sobre los acantilados.

Un lago salobre, que exaspera la sed de todos sus navegantes.

Una montaña sin cima, extraviando el sentido de los que la contemplan.

La lluvia incesante, que nos deja ateridos calando hasta los huesos.

 

Y si es así… si es así… déjalo latir…

 

Fernando vich