El fin de los cuentos

¿Por qué los tres cerditos ya no construyen casas? ¿Qué fue de los "Juan sin miedo" que despertaron temblando cuando les tiraron la jarra de agua fría? ¿Qué ha sido de aquella lámpara maravillosa que por mucho que frotemos ya no brilla? ¿Por qué ahora se esconden los genios que antes nos prometían tantos deseos? ¿Quién se largó con las botas de siete leguas, la alfombra voladora y los polvos de hada al país de nunca jamás? ¿Qué infame Leprechaun robó el caldero mágico lleno de monedas de oro al final del arcoíris? ¿Quién dejó sueltos a los cuarenta ladrones de la cueva de Alí Babá? ¿Quién nos vendió aquella gallina clueca de los huevos de oro? ¿Por qué perdimos el rastro de las migas de pan, que ahora nos toca comernos las casitas de chocolate? ¿Quiénes fueron las bellas que despertaron a la bestia? ¿Cuál es el nombre de este maldito enano saltarín que nos convirtió la paja en oro y ahora quiere robar a nuestros hijos?

¿Quién toca esta flauta mágica que a todos nos arrastra como ratas hacia el rio? ¿Quiénes fueron los aprendices de brujo que nos dejaron con el agua al cuello? ¿Por qué Alicia nos metió en el país de las pesadillas siguiendo a su conejo blanco? ¿Por qué el leñador no viene a matar al lobo feroz de largos dientes que se comió a la abuelita? ¿Quién ha estropeado este espejito mágico que no para de decirnos que somos los más feos? ¿Por qué ahora los zapatos de cristal se vuelven sandalias y las carrozas calabazas, si ni siquiera dieron las doce? ¿Por qué hay tanto Pedro, que antes callaba, y ahora no para de mentar al lobo? ¿Quiénes son todos esos Pinochos sin “Gepeto” suficiente para admitir lo que les crece la nariz? ¿Qué es lo que está ocurriendo que hasta los príncipes nos salieron rana? ¿Por qué esta bella durmiente no quiere despertar ya ni a cañonazos, y los siete enanitos ya no pueden ir a su mina a trabajar? ¿Por qué el soldadito de plomo teutón quiere abandonar a sus bailarinas?

¿Dónde está Atreyu, de inagotable fantasía, que no hay nadie que detenga a la insaciable nada de esta historia crediticia interminable?

Y es que ya hace mucho tiempo que dejé de creer en cuentos de hadas, mucho antes de que esta crisis comenzara, así que, sea quien fuere la reina o el rey mago que venga detrás de la estrella, espero que venga de Oz con el perdido valor del León, la deseable inteligencia del Espantapájaros, pero, sobre todo, con el corazón del Hombre de Hojalata. Porque como les iba diciendo, ya no estamos para cuentos; aunque yo quisiera poder seguir contándoselos a mis sobrinos…

Fernando Vich

 

 

* Imagen de “ El Economista”